¡QUIERO SEGUIRTE SEÑOR!

TE SEGUIRÉ  DONDE TÚ VAYAS JESÚS

¿Crees que te será fácil  seguir a Jesús?¿ perseverar y permanecer con Él?

Es  duro y difícil seguir a Jesús, nadie puede negarlo, incluso el mismo Jesús dijo que el camino de la vida eterna es estrecho, y pocos caminan sobre él.

“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. 14 Porque estrecha es la puerta y difícil el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran. Mateo 7,13-14.

De ahí que nuestro Venerable Fundador, Miguel Ángel Builes, nos recuerda en una de sus alocuciones:  Hijitas “Es necesario vivir muertos con Él para poder vivir con El”. ¿No recuerdas Hijas aquellas palabras de Nuestro Señor mismo: “Él que quiera seguir en pos de Mí, niéguese así mismo, tome su cruz y sígame”.

Hija, continúa nuestro Fundador:  la cruz que tú has de llevar y que ya empiezas echar sobre tus hombros, es un pedacito de la Cruz de tu Señor; luego puedes pedirle que dé más cruz. ¿Acaso no es cruz negarse? El mismo te lo dice: “No tengas voluntad propia, no tengas yo, no tengas ideales ajenos a los míos y a mis intereses que son las almas. Yo soy el hijo de Dios y Esposo tuyo”.

 

INTERCAMBIAR CORAZONES, LA CLAVE,

 

INTERCAMBIA TU CORAZON"...Recuerdo que ante una imagen del Sagrado Corazón, la que rodeaba de flores en mi alcoba del Seminario Conciliar de Antioquia, celebré un convenio con El y lo realizamos, creo, por lo que yo sentía en mi ser todo entero. En mis ansias de amarlo y hacerlo amar, le decía: “Amado mío, cambiemos corazones y dígnate meter en las cavidades de tu pecho este pobrecito mío, y entre tanto permite que penetre en las cavidades de mi pecho el divino y palpitante Corazón tuyo. Y verás cómo pasará tu sangre divina por mi enfermo pero amante corazón para santificarlo y derretirlo de amor, y entre tanto la sangre de mis venas pasará por tu divino y enamorado Corazón y me encenderás todo mi ser en tu divino fuego”

Osadía de este servidor, habrán pensado, al proponer a Jesús semejante intercambio de corazones, como lo han oído en mi anterior hoja; pero obsérvenlo bien: Jesús lo quiere y la teología lo enseña, y la Escritura lo trae en sus textos sagrados y Él lo ha pedido: “Hijo mío, dame tu corazón”.

Por lo cual yo no he querido sino hacer más gráfica y más real la entrega de mi corazón para recibir en cambio ese Corazón que tanto ha amado a los hombres, para que El viva en mí su vida y obre en mí como a bien tenga y por cuenta de El, nunca por cuenta mía, y con toda la amplitud de su inmensa caridad. Si proceden hijos míos de manera semejante, despojados de ustedes mismos para dar lugar al Amado, el Corazón divino de este Amado Señor será el que palpite en su pecho; y vivirá El, no ustedes, su propia vida, haciendo que se anonaden a ustedes mismos para encontrarle a El y sustituir el yo por Jesús.

Pero cuiden en todo momento de no perder su altura y no permitir al alma buscarse ya más a sí misma, sino vivir para siempre en esa esfera superior de la vida de Jesús y no en los pisos bajos de su pequeñez. Verdad que el alma y Jesús obran unidos, pero el alma ha de mirar siempre hacia su único ideal, Jesús, sustituyéndolo sin cesar por sí misma cuando el alma decaiga o pretenda ocuparse de su propio yo, mas allá de los justos límites".

Cf . Testamento Espiritual Nº  27-28

Seguir a Jesús significa morir a la naturaleza egoísta, y por la fuerza del Espíritu Santo que resulta del nuevo nacimiento, luchar contra el reino de las tinieblas, contra el espíritu de mundanidad y someterlo a la obediencia de Cristo.

Cuesta, sí, pero no es una lucha personal o individual. La obra redentora de la Cruz nos permite vencer el pecado y nos autoriza a derrotar el reino de las tinieblas y todo, para pagar, AMOR CON AMOR.

 

 

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