CRISTO RESUCITÓ, ALELUYA

LA PASCUA, CENTRO DE LA VIDA CRISTIANA

El misterio Pascual es el corazón del cristianismo, de la iglesia y su acción pastoral en el mundo y de la vida espiritual cristiana. El concilio Vaticano II hablando del sentido pascual del cristianismo ha dicho: "Esta obra de la redención humana y la perfecta glorificación de Dios, la realizó Cristo principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección y gloriosa ascensión" (SC 5)

Jesús dijo de si mismo: "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá" (Jn 11, 25). Y cumplió su palabra. Al tercer día resucitó y se apareció a los discípulos. Su triunfo definitivo sobre la muerte nos revela un Dios de vivos y no de muertos. Los cristianos por el sacramento del Bautismo participan en la muerte y resurrección de Cristo y están llamados a anunciar esta gran noticia, a comunicar la alegría que llena el corazón. "Os anunciamos la Buena Nueva de que la Pomesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús" (Hch 13, 32-33)

Para realizar hoy esta tarea evangelizadora es necesario vivir una espiritualidad pascual que nos convierta en verdaderos testigos de la resurrección. He aquí algunas actitudes concretas que nos ayudan a lograrlo:

a- Respetar, cuidar y defender la vida en todas sus etapas. La vida es el valor fundamental de todo ser humano sin el cual no se pueden dar los demás derechos humanos. Un hermoso aforismo de R. Tagore dice: "La vida se nos da y la merecemos dándola". La Pascua es la vida a la que todos estamos llamados como hijos de Dios.

b- Unirse más intensamente a Cristo por la oración y la vida sacramental. El sacramento de la reconcilición nos permite despojarnos del "hombre viejo" esclavizado por el pecado, para revestirnos del "hombre nuevo" configurado según el modelo de Cristo. Y en la Eucaristía el Cuerpo y la Sangre de Cristo son comida y bebida de salvación.

c- "Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial resulta invisible para los ojos" es el consejo que la zorra le da al Principito en el maravilloso libro de Antoine de Saint-Exupery. Y es lo que necesitan los cristianos para ver y juzgar los acontecimientos y las personas con la mirada amorosa del corazón. Es la mirada pascual de la fe que al igual que a los apóstoles nos permite identificar a Jesús resucitado que camina a nuestro lado.

d- Leer y meditar la Palabra de Dios. Escuchar con atención y humildad el mensaje que esta Palabra viva y eficaz tiene para cada uno de nosotros. "Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en el camino" dice el salmista (Salmo 119, 105). Una "lectio divina pascual" nos permite analizar nuestra vida a la luz de la Resurrección.

e- Apostar siempre por el amor, el perdón y la reconciliación. La espiritualidad pascual es no olvidar que desde la cruz Jesús gritó : "Padre perdónalos porque no saben lo que hacen". Es enseñarle al mundo que en la matemática del Evangelio, "setenta veces siete" equivale a "siempre".

f- Ser incansables sembradores de paz. Arrancar del corazón la malas yerbas del odio, la venganza y la guerra. Recordar que el saludo de Cristo Resucitado a los apóstoles es "Paz a ustedes" (Jn 20, 19). La Pascua y la paz caminan juntas.

La lista podría seguir; pero cada cual puede y debe añadir sus propias reflexiones. Cada uno debe hacer su viaje personal a la Galilea del corazón para tener un encuentro con Cristo Resucitado. Sólo así la Pascua dejaría de ser sólo una hermosa fiesta o un aniversario que celebramos y se convertiría en un hecho existencial y radical capaz de transformar la vida.

Pbro. Jorge Graña

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