ANA DELINA YÁÑEZ

ANA DELINA, CARIDAD HERÓICA

Santidad del deseo

El pensamiento, el anhelo de llegar a ser una santa, se convirtió para ella en especie de obsesión, como que era su ideal. Lo prueba sus cartas, impregnadas todas de profundo espíritu sobrenatural; y sus conversaciones ya que naturalmente brota por los labios lo que rebosa el corazón. Recordamos que en los primeros días de su vida religiosa, decía antes sus hermanas en la hora de recreo: “Encargué a mis familiares que conversaran mis vestidos por que como voy a ser una santa, si los dan o los destruyen, los restante no sería suficiente para reliquia”. Los que fue oído por su Excelentísimo Señor Obispo, quien le contesto: “Le apruebo lo de ser santa, queda comprometida; y quien quita que sea su Caridad la primera hermana muerta”

En otra ocasión, al obsequiar un vestido a una pobrecita, decía: “Lo hago con el interés de que ella pida a Dios que yo sea santa. Al Reverendo Padre Canciller de la venerable curia Diocesana, una veinticuatro horas antes de morir, le hacía referencia a la palabras de San Agustín, aplicándolas a si misma: “Lo que estos y estas hicieron porque puedo hacerlo yo?”. Y en realidad que a este ideal, la santidad, encaminaba con empeño sus esfuerzos.

Amor profundo y sincero a su congregación y deseo de ayudarla por
Todos los medios a su alcance: en
Consecuencia, gran temor de ser infiel a la
Gracias de su vocación: la víspera de su
Muerte, al enterarse de que una de sus
Compañeras regresaban a sus familias,
Hondamente preocupada, decía: “Si
Ellas fueran capaz de comprender la perdida que
Hace… Dios mío! Y no morirse de repente!...

No había ingresado aún y ay pedía al Señor, muy de corazón, se la llevara antes que permitir fuera infiel a la gracias de su vocación: repetidas veces se la oyó hablar de esta su petición constante.

Abnegación, sin egoísmo sabía gastarse, eligiendo para si los trabajos más pesados a los que se entregaba sin consideraciones consigo misma y tomándolos como su particular
obligación. Era, también muy desprendida de los bienes materiales. Sobresalía por una alegre y dulce caridad fraterna: siempre servicial, delicada, cariñosa.

Sumisión, obediencia en los detalles, atención y deferencia con sus Superiores. Heroísmo en el dominio de su carácter altivo y sus arrebatos de amor propio: reprimía triunfadora sus impulsos de ira; sabía humillarse cuando se le escapaban expresiones de contrariedad y al punto pedía excusas. Aceptaba de buen grado las represiones y  obediencia en silencio y con fidelidad a sus hermanas compañeras con gran sinceridad, con la ingenuidad del niño, reconocía sus defectos. Dió su última clase (de castellano) poco horas antes de morir, con una preocupación perfecta.

Tenga ya el Señor en su gloria a la que murió cumpliendo su divino querer.

Fuente: Cf. Biografía Sor Ana Delina Yáñez
Primera Hija de Nuestra Señora de las Misericordias

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