AMAN HASTA LA MARTYIRÍA

LLAMADAS AL MARTIRIO COTIDIANO

"Hijas mías, Jesús crucificado es vuestro Maestro; su cátedra es la cruz y desde esa cruz os enseña la ciencia de la santidad para que os hagáis santas y enseñéis el camino del cielo a cuantas almas os confíe" Alocución MAB 21.01.55

Nuestra Comunidad, lugar de encuentro y profecía de amor y servicio hecho misericordia, es escuela donde se aprende día a día a asumir con renovada  comunión fraterna, la riqueza de los dones y carismas personales y comunitarios para servir en una cadena de amor y entrega no interrumpida  en todas las áreas, niveles y ambientes del Proyecto de renovación de vida y evangelización en clave de Misericordia -PREVEM-.

Esta «sinfonía» comunitaria y apostólica requiere como bien nos lo recuerda la exhortación -La Vida Fraterna en Comunidad- que hemos de:

a. Celebrar y agradecer juntos el don común de la vocación y misión, don que trascienda en gran medida toda diferencia individual y cultural. Promover una actitud contemplativa ante la sabiduría de Dios, que ha enviado determinados hermanos a la comunidad para que sean un don los unos para los otros. Alabarle por lo que cada hermano transmite de la presencia y de la palabra de Cristo.

b. Cultivar el respeto mutuo, con el que se acepta el ritmo lento de los más débiles y, al mismo tiempo, no se ahoga el nacimiento de personalidades más ricas. Un respeto que favorece la creatividad, pero que es también una llamada a la responsabilidad y al compromiso para con los otros y a la solidaridad.

c. Orientar hacia la misión común, ya que todo instituto tiene su misión en la que cada uno debe colaborar según sus propios dones. El itinerario de la persona consagrada consiste precisamente en consagrar progresivamente al Señor todo lo que tiene y todo lo que es, en orden a la misión de su familia religiosa.

d) Recordar que la misión apostólica está confiada en primer lugar a la comunidad y que esto con frecuencia lleva consigo también la gestión de obras propias del instituto. La dedicación a ese apostolado comunitario hace que la persona consagrada madure y la lleva a crecer en su peculiar camino de santidad.

e) Conviene tener en cuenta que cada religioso, cuando recibe de la obediencia misiones personales, debe considerarse enviado por la comunidad. Ésta, a su vez, debe preocuparse de su actualización regular e integrarlo en la verificación de los compromisos apostólicos y comunitarios.

Compenetradas de Cristo por el amor concentrado en los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, nos vamos CRISTIFICANDO, para responder con toda radicalidad al llamado amoroso que nos hace Dios a identificarnos y transfigurarnos con Cristo. Cf. Const. Nº 12

               Que dulce es sufrir por Cristo y por las almas” MAB

No hay comentarios

Agregar comentario