TODO LO HACEN EN COMUNIÓN

JUNTASIEMPRE

SOMOS PROFECÍA DEL REINO

«…Para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados…»

“Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna”. Papa Francisco. 19 de noviembre de 2017-Jornada Mundial de los Pobres.

TODO EN Y PARA LA COMUNIÓN FRATERNA

La fraternidad  no es solo un  sentimiento filantrópico  que lleva a una relación de afecto y amistad con los semejantes. Jesús nos reveló nuevas  dimensiones que nos permiten  comprender mejor el sentido profundo  de los vínculos de hermandad que  Dios ha querido que existan entre los seres humanos.

Nos revela que Dios, creando el ser humano a su imagen y semejanza, lo ha creado para la comunión. El Dios creador que se ha revelado como Amor, como Trinidad y comunión, ha llamado al hombre a entrar en íntima relación con Él y a la comunión interpersonal, o sea, a la fraternidad universal.  Esta es la más alta vocación del hombre: entrar en comunión con Dios y con los otros hombres, sus hermanos.

Este designio de Dios quedó comprometido por el pecado, que rompió todas las relaciones: entre el género humano y Dios, entre el hombre y la mujer, entre hermano y hermano, entre los pueblos, entre la humanidad y la creación. De hecho hemos roto la fraternidad al confundir el ser con el hacer, poseer…

RETOS DE SER Y HACERLO TODO EN COMUNIDAD

Creer en la fraternidad es trabajar y luchar por ella sin tirar la toalla aun en los momentos de dificultad. La Esperanza, mientras trabajamos por la comunión todavía ausente, es la mejor prueba  de que estamos animados por el Espíritu. Hoy nos pone estos retos:

1.-  En estos tiempos de crisis, no solo de sistema sino de valores, vivir la fraternidad requiere ser buscadores infatigables de lo esencial que es Dios Padre de la humanidad. Fijarnos más en lo que somos que en lo que tenemos.

2.-  Promover una espiritualidad de la comunión que capacite para  sentir al hermano de fe como « uno que me pertenece », para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.

3.-  Crecer en la espiritualidad de ojos abiertos para ver y hacer propio el dolor y sufrimiento ajeno así como detectar la vida que surge en los márgenes de la sociedad.

4.- Crecer en la solidaridad, continuar el secular ejercicio del compartir,  lo que somos y tenemos, en todas las direcciones y en todos los ámbitos de la existencia, sobre todo con los más desfavorecidos.

5.- Elaborar y llevar a cabo nuevos proyectos de evangelización para las situaciones actuales.

Fuente: Cf. Rosario Echarri. Confer Sep. 12

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