HIJAS DE LA MISERICORDIA

IDENTIDAD Y CARISMA

“Hijas de la Misericordia” es como la definición más radical de su ser que tiene que constituirse en templo “humano, viviente, crepitante de fe, pleno de esperanza, capaz de amar de veras, capaz de subir hasta el trono de Dios, capaz de coadyuvar a la salvación del mundo pecador e infiel”. Y esto para dar gloria a Dios en el doble amor del Evangelio y para “cristificar” los hombres por la catequesis. El modelo y la ayuda será la Madre de las Misericordias.

Ahí están, podríamos decir, algunos de los elementos fundamentales del carisma que exigen profundización. Yo acentuaría los siguientes:

  1. Hijas: Es uno de los parámetros de la identidad. Ahí en esa conciencia de filiación, está el camino más rápido para “cristificarse” pues Cristo es pura filiación; El es el Hijo según la definición más esencial de su vida y nuestra vocación no es otra sino ser hijos en el Hijo (Mt. 11,27); El mimos llama “hijos de Dios” a los pacíficos (Mt. 5,9), a los caritativos (Lc. 6,35). Ahí está la dimensión trinitaria que debe tener su vida: el Padre nos ha elegido como hijos (Ef. 1,5), estamos llamados a reproducir la imagen del Hijo (Rm. 8,29) y el Espíritu Santo da testimonio de nuestra filiación (Gal. 4,5; Rm. 8,14-17). Ahí está toda la espiritualidad bautismal que debe potenciar y radicalizar en Usted la vida consagrada. Ahí está un buen enganche para la “infancia espiritual” de Santa Teresita, que es bien importante para entender a Mons. Builes.
  2. De la misericordia: Es el otro parámetro relativo de la identidad; a mi modo de ver el característico. La misericordia es una forma audaz con la que la Sagrada Escritura dice otras riquezas de la paternidad de Dios (Cfr. Lc. 15,20; 2Cor. 1,3; Sant. 5,11). Es también un título cristológico pues Jesús es “el Sumo Sacerdote misericordioso” (Heb. 2,17). Es otra forma de decir la perfección que Cristo pide a sus discípulos (Cfr. Mt. 5,48 y Lc. 6,36). Más adelante trataremos de ir más lejos.
  3. Constituidas en basílica humana, viviente: Es el simbolismo de la identidad que el Fundador encuentra en paralelismo con la otra obra que también está pensando desde 1935: la construcción de la basílica material de Nuestra Señora de las Misericordias. Desarrolla Mons. Builes la idea vislumbrando las Hijas de la Misericordia como un templo de las virtudes teologales, como un santuario donde se da el doble movimiento sacerdotal y litúrgico: llegar hasta Dios para glorificarlo y llegar hasta el hombre para salvarlo. Hay una gran riqueza en este simbolismo, tal vez no completamente explorado por Ustedes, puesto que la teología del Nuevo Testamento aprovecha bien la imagen del templo para decir el milagro de la Resurrección (Jn. 2,19), el misterio de la Iglesia (1Cor. 3,10-17; 2Cor. 6,16-17; Ef. 2,20-22), la vocación del cristiano (1Cor. 6,19), la realidad escatológica del cielo (Ap. 7,15; 21,22); además de lo que vislumbra Mons. Builes, leyendo los signos de los tiempos, como un “misterio de amor” de la Madre de las Misericordias sobre la existencia e identidad de la Congregación .
  4. Para dar gloria a Dios y a la Madre de las Misericordias: Es el lema que describe, como dicen las Constituciones, el “fin supremo” del Instituto. Aquí el Fundador les entrega la obsesión misma de su vida: dar gloria a Dios. Con razón Mons. Jesús Emilio Jaramillo, que conocía bien al Señor Builes, quiso definirlo en sus exequias como el “molino de la gloria de Dios”. Explica el Fundador la bíblica riqueza de esta finalidad por la caridad y en el contexto de la mejor tradición de los Padres para quienes “la gloria de dios es que el hombre viva”. Es de tener presente, por otra parte que les ha dado un lema distinto al único que les dio a las otras tres comunidades por él fundadas y, lo más especial, que aquí María comparte la gloria que, en aquel, señalaba exclusiva para Dios.
  5. Para “cristificar” y “cristificarse”: Es la normal consecuencia de la glorificación de dios en sí mismo y en los demás. Por tanto, es otra fase de la misma finalidad. Es lograr, y ésta es la síntesis del Testamento Espiritual del Señor Builes, la incorporación en Cristo que es el “resplandor de la gloria de Dios” (Heb. 1,3).
  6. Enseñando el catecismo: Reciben así Ustedes, sin lugar a equívocos, un medio concreto que les señala su precisa misión en la Iglesia. Es el envío a hacer crecer a nivel del conocimiento y de la vida el germen de la fe que el Espíritu Santo ha puesto en los hombres.
  7. Con la ayuda de la Madre de las Misericordias: El modelo y la compañía que reciben en su vida y tarea es María. Y María considerada, también ella, desde el misterio de la misericordia. Es que también María es hija de la Misericordia que glorifica al Dios que “ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” (Lc. 1,48) y es testigo de la misericordia “que se extiende de generación en generación” (Lc. 1,50) y es profeta de la misericordia con que Dios acoge a Israel (Lc. 1,54) y es madre de la Misericordia que en sus entrañas cumple la alianza prometida a los Padres (Lc. 1,72.78). Ahí tienen otro amplio horizonte de profundización.

Monseñor Ricardo Tobón Pg. 16  Regreso a las fuentes

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