Experiencia Hna. Daniela Pérez

Quien no sirve para vivir no vive para servir

Mi nombre es Karla Daniela Pérez Sarmiento soy de Cuenca- Ecuador, nací  el 27 de diciembre de 1997, crecí junto a mi mami y cuatro primos, después nacieron mis hermanos y mi mamá se casó. Desde mi infancia mamá nos llevaba a la Eucaristía los domingos y recuerdo que a mi me gustaba mucho mirar al sacerdote porque admiraba todo lo que él hacía, su servicio,su cercanía y amabilidad con la gente y como hablaba de Dios, en algún momento pensé que me gustaría hacer lo mismo que él, pero nunca lo veía como algo posible pues consideraba que el servicio a Dios solo lo hacían los hombres, crecí como cualquier niña y joven en medio de la escuela, la casa compartiendo alegremente con mi familia y mis amigos.

Un día sentí el deseo de servir a Dios como acólita y a pesar de mi timidez decidí ingresar con un grupo de amiga, me gustaba mucho ir y estar si era posible en todas las Eucaristía, era felíz sobre todo los jueves en la Adoración Eucarística, siempre me quedaba en la parroquia después del colegio, sentía que tenía que ir y estar ante el Señor sirviendo. 

Yo tenía planeado estudiar en un primero momento arquitectura y luego psicología, pienso  que es una buena herramienta para ayudar a las personas, hasta que un día fui acolitar en la Ordenación sacerdotal de un Padre Javeriano y cuando entré en las primeras bancas estaba una hoja que decía: “RESERVADO RELIGIOSAS”, inquieta por lo que significaba eso me fuí a la sacristía a revestirme y cuando salí ví varias mujeres con un tul en la cabeza y en lo que transcurría la misa en el momento que el Padre se postró  y cantaron las letanías yo le preguntaba al Señor: ¿Qué es lo que quieres de mí? y levanté la mirada, vi nuevamente a las Hermanas y al Padre postrado, entendí que el Señor me pedía consagrar mi vida a su servicio. 

Al finalizar toda la celebración empecé a compartir más de cerca con los seminaristas y los padres y me sentía impulsaba a vivir como ellos, a uno de ellos le pregunté: “¿Dónde puedo hacer una experiencia de vida religiosa?”, así me guiaron a las Hnas Hijas de la Misericordia que están en Balsas a seis horas de Cuenca, una de ella fue y habló conmigo y me invitó a vivir con ellas una semana, yo como ya dije era muy tímida fui con una amiga y pasamos con ellas la Semana Santa, sin duda alguna sentí que era lo que buscaba, una vida de entrega total a Dios para servirle en todas las personas que me rodeaban. 

Manifesté mi deseo de ingresar a la Comunidad y empecé a realizar los talleres de reflexión con el acompañamiento de una de las Hermanas, en un momento pensaba desistir pues la idea de dejar mi casa y sobre todo a mis hermanos me entristeció mucho, yo que no era capaz de pasar ni una noche lejos de mi casa, ahora estaba optando por algo que me pedía dejar casa, padre, madre y tierra. Durante mi proceso conocí a Santa Teresita y ella me enseñó a confiar en la misericordia de Dios y fue así que decidí emprender un camino desconocido pero  en el fondo anhelado. 

 El 10 de enero del 2016 me consagré al Sagrado corazón de Jesús y a la Madre de las Misericordias e ingresé al Prenoviciado, recuerdo tantos sentimientos encontrados, no puedo decir que fue el día más felíz porque la verdad estaba triste, lo lejos que estaba de mi casa y mis amigos me hacía sentir sola, pero Dios cuando llama no abandona, él fue mi fortaleza y el saber que estaba consagrada para servirle consolaba mi corazón y me daba la tranquilidad para seguir. Después de un año fuí a visitar mi familia y fue tal la alegría que nos invadió que disfrute cada momento que compartimos, de ahí salí para Balsas a vivir mi tiempo de experiencia como prenovicia, sí, volvía a la Comunidad de vida donde nació mi vocación, después de los seis maravillosos meses  que compartí con las Hnas. y con los Padre Javerianos, regresé a Santa Rosa para prepararme para pasar al Noviciado el 14 de enero del 2018, día elegido para iniciar mi año espiritual, Jesús ya no era solo mi amigo, era ahora mi novio, un tiempo para descubrir la esencia de la Vida Religiosa, el amor. 

Después de ese año felíz salí nuevamente para experiencia, esta vez la Comunidad que me recibía era la de Soacha en Cundinamarca, también fue un tiempo donde el Maestro me instruyó no solo de forma espiritual sino humana, aprendí a valorar la labor de los docentes y de todos los que educan, comprendí que mi vida es una continuo aprendizaje, y que la vida siempre presenta momentos para enseñar a Jesucristo. 

Cuando regresé a Santa Rosa me preparé tres meses más antes de realizar mi Primera Profesión con ella pasaba a otra etapa, la del Juniorado, el día establecido para hacer mi alianza con Dios mediante los votos fue el 11 de enero del 2020 junto a dos hermanas más, Leidy y Adriana. 

Ahora estoy en Cáceres- Antioquia ejerciendo misericordia desde la cercanía, el servicio y el compartir, dando lo que tengo y lo que soy, pues bien se que si Dios me ha puesto aquí es para servirle al hermano pobre que sufre toda clase de violencia y clama por un mundo de paz y prosperidad.  Sigo mi camino de la mano de Dios asumiendo el reto de ser signo de esperanza y de caridad, pero ante todo siendo feliz con lo que hago día a día, lo que anhelaba hacer lo estoy haciendo, siempre tendré un grato recuerdo de aquellas personas que desde el principio me instruyeron y me siguen orientando para  servir más de cerca a Dios hasta el fin.

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